Contemplo con pasmo como la mayor preocupación de la prensa nacional en estos “convulsos” días es la unidad de los demócratas. De resultas de la ruptura “unilateral” de la tregua por la organización terrorista ETA se habla mucho sobre las acciones de éste nuestro gobierno y esta nuestra oposición. Que si hay que olvidar y ir juntos de la mano para acabar con el terrorismo – Y aquí cada uno acusa al otro de deslealtad… lo que en el caso del P$O€ es entre hilarante y criminal-, que si hay que exigir responsabilidad políticas por el fracaso de la tregua… y así, entre dimes y diretes, no oigo ninguna voz alzarse contra el papel jugado en todo este proceso por el “esperpéntico” poder judicial.
Y digo esperpéntico, no porque quiera cargar las tintas contra jueces y fiscales – a pesar de que cada día nos obsequian con auténticas perlas: hay tenemos a ese hijo de vecina que ha pasado mas de un año en la cárcel porque la juez se olvidó editar el auto de puesta en libertad…-. Sino porque después de las últimas noticias hablar de que en España existe el poder judicial es irreal.

Y como somos un país de profunda Cultura -no sólo musical o histórica, también democrática- y el espejo donde se deben mirar esos pérfidos anglosajones -el antiamericanismo, por desgracia, no es exclusivo de la izquierda.-; no oigo ni una triste voz alzarse contra el lamentable espectáculo que ha demostrado a todos aquellos españoles a los que le quedara alguna duda, que en España las sentencias las dicta el Estado. Que en España es el gobierno quien decide cuando un individuo, o dos, o una organización – De Juana, Otegui, Batasuna con sus nuevas siglas- entra o sale de la cárcel, son o dejan de ser ilegales. Que los fiscales y jueces están para darle a todo esto una apariencia democrática, un barniz, pero que es el ejecutivo de turno quien “hace justicia”. Luego nos reímos de Chávez, o criticamos la nueva legislación americana para dotar al presidente del máximo poder en circunstancias excepcionales. Aquí, oigan ustedes, no hacen falta decretos-ley presidenciales al estilo del venezolano. Una llamadita de turno al fiscal general del Estado -del Estado, por el Estado y para el Estado- y un telefonazo a los jueces amiguetes -independientes, sin duda, que cuando se presentaron al congreso en nuestras listas, lohacían como independientes-, y santas pascuas. Si unas semanas después damos marcha atrás, no pasa nada. Las alegres marionetas salen de nuevo a la palestra a recitar lo negro que era el blanco caballo de Santiago, y el bobo solemne encandila a sus millones de seguidores con su buenintencionismo infantil, su firmeza de opereta, sus ojitos de cordero degollado, y en fin, las consabidas frases huecas y miradas de actorzuelo o desequilibrado -quien sabe si ambas cosas-.

Si uno se dedica a curiosear en las sesiones de nuestras cámaras de representantes, se lleva otra sorpresa. Debiera calificarse de agradable. Esta sorpresa es la tremenda empatía existente entre las diferentes agrupaciones políticas y su base social y electoral. Es sorprendente como siempre, siempre, siempre existe coincidencia entre lo que requiere y demanda esta base social y, por tanto, lo que votansus representantes en el congreso y el senado, y lo que propone el partido al que pertenecen esos representantes. Sin embargo hay excepciones. Contadas, pero hailas.

Hay que rebuscar para encontrarse al socialista Francisco Vázquez votando contra la ley del aborto propuesta por su partido; o a las diputadas Baleares del PP votando a favor de la ley socialista que sancionaba el matrimonio gay. Salvo estas raras excepciones, atribuíbles a una diferencia de moral, la identificación electorado-partido es absoluta. Si a esto sumamos el gran número de proyectos de ley y comisiones de investigación – que sea la mayoría quien forma y dirige las comisiones, que suelen ser para auditar un comportamiento de esa mayoría, es otra gran aportación de la democracia española- en el que participa por término medio cada una de sus señorías, podemos afirmar que tenemos, de verdad, poder legislativo? Pues como el poder judicial, nuevamente en Teoría. Porque en la práctica, la decisión de ambos hemiciclos nunca se ha desviado un milímetro de la defendida por el Ejecutivo. Acudamos al ejemplo que nos ocupa. La política antiterrorista del actual ejecutivo. ¿De veras creen ustedes que todo el electorado socialista, y por tanto sus representantes en Congreso y Senado, comulgan con la política terrorista de ZP?
– caso de que sea así, me plantearé emigrar… y lo mas lejos posible…- ¿Por qué no han ejercido una democrática oposición a la política de su partido?

En fin, que si a estos modos políticos que empleamos en España se le llaman democracia, no cuenten conmigo en esa gran Alianza demócrata.Con las víctimas, POR SUPUESTO, contra ETA, COMO SIEMPRE, y con el ESTADO de DERECHO, NO LO OLVIDEMOS NUNCA.

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